sábado, 25 de mayo de 2013

El juego de la vida

Unos leves toques en la madera del cofre fueron suficientes para que el espectro que se ocultaba en su interior abriera de golpe y se abalanzara contra el valiente héroe. Afortunadamente, justo antes de asestarle un mordisco en el cuello, se dio cuenta de que aquel individuo no era a quien estaba esperando.

—Maldita sea, solo eres un aldeano —gruñó—. Pensaba que era mi momento de gloria.

El aldeano echó a un lado al espectro y se puso en pie. Se recolocó el sombrero de paja y su chaleco de piel de buey, el cual se encontraba abierto sobre una camisa de yute.

—Solo quería charlar —aclaró el aldeano.

Sacudiéndose el polvo y volviendo a su cofre, el espectro volvió a la realidad y miró asustado al aldeano:

—Tú no deberías estar aquí —dijo, en un tono prudente.

—Ya lo sé, mi lugar es enfrente del establo que hay unos metros más allá —contestó—. Y tu papel, esperar dentro de este cofre a que llegue el bravo protagonista, lo abra buscando oro, y le ataques. Pero eres débil y como mucho le bajarás un pequeño porcentaje de la vida, luego morirás atravesado por su espada.

—Claro, es un videojuego. ¿Qué esperas? ¿Darte un paseo por donde quieras? Eres un jodido aldeano, ni siquiera tienes nombre, y compartes la apariencia con cien aldeanos más del juego. Vuelve a ese establo, ponte tu signo de admiración en la cabeza, y espera a ese estúpido héroe, antes de que la líes.

—Pero es que ni siquiera necesito las diez pieles de oso que le voy a encomendar como misión. Cuando me las traiga, debo seguir de pie en ese maldito establo hasta que derrote al maldito jefe final dentro de mucho maldito tiempo.

—Porque es un maldito juego, y éste es tu maldito papel en él.

—¿Y nuestra vida tiene que limitarse a servirle a él? ¿A que le lamamos el culo dándole oro a cambio de gilipolleces que no se cree nadie? ¿Por qué no podemos ser todos iguales?

—A él le tocó el papel de héroe y a ti el de aldeano.

—Lo sé, pero no lo entiendo —replicó.

—No tienes nada que entender, eres un aldeano. Aquí el único que manda es un tío al que se la trae floja que tu vida sea una mierda.

El aldeano se sentó afligido junto al cofre. Echó la mano a la hierba e intentó arrancar algunos tallos, pero estaban totalmente amarrados a la superficie.

—Nada es real, ni siquiera el suelo que pisamos. Es todo producto de unas mentes que quisieron que esto fuera así. ¿Cómo crees que será todo al otro lado de la pantalla?

—¿Fuera del juego?

—Sí, en el mundo real.

—No creo que exista un mundo real. Quizá exista un mundo en el que puedes arrancar la hierba, pero todo será producto de unos pocos individuos. La hierba se arranca porque alguien quiere. Y los demás solo serán aldeanos o espectros.

—¿Así que los supuestos héroes del mundo real, los que se supone que deben hacer que el juego funcione y tenga un sentido, también se beneficiarán con el oro de unos aldeanos que ni siquiera saben por qué deben dárselo?

—Supongo, la lógica se basa en la realidad, en que todo funciona como debe funcionar. Si la realidad vigente es ilógica para ti, ¿no sería mejor vivir tu propia realidad? ¿Una realidad en la que tu papel tenga un sentido?

—Jamás podrá ser así mientras a los mal llamados “héroes” no les importemos en absoluto, ellos quieren su oro y sus puntos de experiencia.

—Ellos solo quieren completar su juego. Y nosotros nos comemos los espadazos y los pagos. Quieren llevar a cabo una realidad lógica para ellos, no para nosotros.

—Y solo soy un aldeano con la misma apariencia para ellos que otros mil.

—Pero con una opinión única. Y una lógica basada en una realidad mejor.

—Pero solo se me escucharía siendo un héroe. Jamás siendo un aldeano.

—Es nuestro papel… —murmuró el espectro, pero entonces se sobresaltó. — Le veo llegar por el horizonte. ¡Vuelve a tu establo!

Se agazapó dentro del cofre y lo cerró. El aldeano salió corriendo hacia su posición habitual. “Necesito diez pieles de oso, necesito diez pieles de oso…”, se repitió a sí mismo, para que cuando el héroe llegara todo fuera según lo establecido.

lunes, 22 de abril de 2013

La Niebla


Cierro los ojos con fuerza. “¿Qué ha pasado?”, me pregunto. El problema es que cuando no miras a nada, es cuando más ves. A través del tiempo, a través del corazón. La realidad que se muestra ante nuestros ojos no es más que una manifestación de lo que no se puede ver. Dolor, rencor, odio. Nos apuñala estando solos en la habitación. Sí, lo realmente profundo ataca en la intimidad de uno mismo.

El ser humano es capaz de hacer feliz a otra persona mientras duerme. Su sola existencia, su solo recuerdo en la mente de otra persona, todo ello puede aportar mucho sin mover un dedo. Somos increíbles. Desde la soledad, desde la lejanía, somos un motor para otro. Y sin embargo, cuando estamos cerca, cuando movemos ese maldito dedo, es en el único momento que podemos cambiar la situación. Sin acto no hay posibilidad de error. Un recuerdo positivo siempre será un recuerdo positivo. Crear nuevos recuerdos es exponerse a que sean negativos.

Abro los ojos. “¿Qué ha pasado?”, me vuelvo a preguntar. Que los recuerdos son recuerdos, eso pasa. Que hay gente capaz de ignorarlos. ¿Existe una situación más dolorosa que alguien a quien siempre has valorado, que ha sido fundamental para tu avance, desaparezca por voluntad propia? Que decida irse. Maldita sea, ¿por qué? Uno tiende a pensar en qué ha hecho mal. Nada, tú no has sido. Si esos recuerdos son buenos para los dos, si tú has sido el mismo… entonces, ¿por qué renuncian a ti? ¿Se han cansado? ¿Hay alguien mejor?

Es injusto pensar que esa persona nunca valoró tu existencia. Que tú fueras su motor. Que estuvieras siempre ahí. Se adentraron en la Niebla. Una Niebla que solo tiene una posible ruta, en la que mirar a los lados es inefectivo. Nada por aquí, nada por allá. Paso a paso, mis huellas se perderán detrás de mí, en la Niebla. Está cegado. No sabe adónde va. Pero la Niebla, para él, es suficiente. La Niebla le muestra el camino fácil. Avanzar, sin importar nada más que la Niebla.

Niebla, Niebla, Niebla. Que sea redundante no es que se me haya olvidado cómo escribir. Niebla, Niebla, Niebla. Comienza a no existir nada más. Niebla, Niebla, Niebla. El problema es que cuando no miras a nada, es cuando más ves. A través del tiempo, a través del corazón. Niebla, Niebla, Niebla. El problema es que cuando miras la Niebla, es cuando menos ves. Niebla, Niebla, Niebla. Lo único que existe es la Niebla. Niebla, Niebla, Niebla. A través del corazón. Niebla, Niebla, atraviesa el corazón. Cierra los ojos. “¿Qué ha pasado?”, te preguntarás.

lunes, 18 de marzo de 2013

Máscara


Quizá estéis acostumbrados a que escriba sobre amor. Sí, detrás de estas largas melenas y ropas oscuras, las emociones son lo que más empapan mis textos. La muerte es mi otro tema principal. Pero afortunadamente no estoy muerto, aunque lo otro no lo pueda negar.

Llegó tan rápido como… como si alguien te cayera encima. ¿Os imagináis? Es que, de hecho, lo hizo. Ella cayó sobre mí y yo la cogí al vuelo. Y desde entonces me planteé no volverla a dejar caer.

Algo hubo desde el principio, algo que las palabras no pueden explicar, que nos atraía mutuamente estuviésemos donde estuviésemos. Daba igual que hubiera mil obstáculos cada día, había un hueco para el otro. No necesitábamos explicación sobre lo que sentíamos, ni razones para actuar. Ahí estábamos. Y comenzó, hace exactamente diez meses, algo que me haría sentir, por fin, vivo.

No había vivido hasta entonces realmente. Soy un hombre enmascarado, nunca he mostrado cómo soy de verdad. Camino entre sonrisas de los que más me quieren, y yo les quiero, pero jamás muestro mi verdadero yo. ¿Por qué? Porque nunca se quiso a mi verdadero yo.

Tengo defectos que no puedo evitar, sentimientos que si alguien conociera, saldría corriendo. Quizá no los haya pulido porque no se han enfrentado nunca a ellos.

Y es ahora cuando, maldita sea ella, arranca mi máscara cada vez que la veo llegar a lo lejos, siempre algún minuto tarde, y sonriendo al verme apoyado en una pared. Y yo sonrío, porque por fin llega, y sonrío más si va vestida como un verdadero narcotraficante: eso sumará dos minutos de bromas y de verla sonreír.

Nos recuerdo dándonos golpes, o queriendo hacer ejercicio y acabando tumbados en un banco durante dos horas. Reteniendo al otro cuando se tiene que ir. Metiéndonos una piedra en el bolsillo para que, algún día, el otro nos la tenga que devolver, y que no pueda desaparecer jamás de su vida. Creando utopías, soñando mientras caminamos bajo el anochecer. Y muchas se han cumplido.

Vámonos a nuestra cala, otra vez. Perdámonos en aquella habitación junto a la carretera, con camiones que nos despertaban cada diez minutos. Oblígame a sentarme en el césped. Y a trepar un maldito árbol. Y guárdate mi máscara en tu bolsillo, porque lo que ves es lo que soy, y por fin mis defectos se enfrentan al exterior. Y serán combatidos y vencidos. Porque has dado sentido a mi vida. Y me planteé no dejarte caer.

Recuerdo aquella vez, en la oscuridad, nuestros rostros a tres centímetros. Te prometí que si te caías, te recogería, y si te rompías, te recompondría. Porque tú me recompusiste. Fuiste la pieza que faltaba a mi rompecabezas, y lo dije meses atrás en este mismo blog.

Gracias, preciosa.

martes, 26 de febrero de 2013

A oscuras y en silencio


    Hubo una vez, al menos ochenta años atrás, cuando tus abuelos aún gateaban, en que una joven vivía totalmente a oscuras. Y no es que su cuarto no tuviera ventanas, o que solo le gustara salir de noche. La muchacha nació ciega.

    En otro lugar del mismo pueblo, perdido en la montaña, donde el olor de la mañana es de cabras y el sonido de la noche de grillos, había un joven, con solo dos o tres años más, que vivía en silencio. El muchacho nació sordomudo.

    La ciega podía escuchar y decir todo lo que el sordomudo únicamente podía ver; privilegio que ella no poseía. Fue algo más tarde de cumplir los veinticinco años cuando, en un banco de la Plaza Mayor, ambos coincidieron a las doce la noche. A esa hora no había nada que ver, ni nada que escuchar, ni a quién decirle algo. Era la hora perfecta para los dos. ¿Entonces por qué, si lo que una decía no podía escucharlo el otro, y tampoco podía devolverle la mirada al muchacho, sus manos se agarraron y el amor surgió entre los dos? Probablemente, porque ella era ciega, y él, sordomudo.

    Por primera vez, la comunicación no era esencial en sus vidas. Nadie les pedía nada por encima de sus posibilidades. Su único vínculo eran las dos manos cogidas, recorriendo el pueblo a todas horas. No eran capaces de quedar a ninguna hora, así que cuando se necesitaban, acudían al mismo banco, sin que nadie lo hubiera estipulado así. Y es que con el tiempo, las visitas al banco fueron cada vez más frecuentes. Porque ella era ciega, y él, sordomudo.

    Todavía no se sabe cómo lograban ponerse de acuerdo, pero de alguna manera, abandonaron el pueblo con el único fin de recorrer el mundo, siempre cogidos de la mano. Mientras que el muchacho no llegaba a escuchar otras lenguas, ni a conocer ambientes o melodías folklóricas, la muchacha se servía de éstas para explorar otros lugares, pues no podía verlos. Y los olores y las texturas, pese a estar al alcance de los dos, ni siquiera podían comentarlas. Da igual, no lo necesitaban. Porque ella era ciega, y él, sordomudo.

    Y mano a mano, a oscuras y en silencio, se creó un mundo entre los dos que solo podía sentirse y no expresarse, compartirse y no comprenderse. Porque nunca habían cruzado una palabra, ni una mirada, porque ni aunque lo intentaran llegarían al otro. Pero aún así, había llegado un momento en el que todo estaba dicho y todo estaba visto en este mundo particular. Habían compartido una vida entera juntos, tan solo yendo de la mano. Y así habían sido felices. Porque ella era ciega, y él, sordomudo.

    ¿Quién sabe cuántos años tenían ya? ¿Acaso alguno de los dos se preocupó de ello? La mujer comenzó a sentir la mano de su amado más arrugada con el paso del tiempo. Él sí la veía envejecer, pero lógicamente, no podía comentarle nada. Tampoco lo hubiera hecho. Si no podían quejarse de su vejez, solo les quedaba disfrutarla de la mano. Porque ella era ciega, y él, sordomudo.

    Y el otro día, no hace demasiadas semanas, cuando la anciana despertó a las ocho de la mañana, sentía la mano del anciano muy fría. Aunque no lo veía, podía sentirlo yacer a su lado, pero por mucho que ella le preguntara si todo iba bien, él no respondía. Como siempre. Porque ella era ciega, y él, sordomudo.

jueves, 31 de enero de 2013

La posesión


    —¡Vámonos, Frank, por favor! —sollozó Juliet—. Esta casa… ¡esta casa está maldita!

    —Tranquilízate, Juliet —dijo él, agarrándola por los hombros—. Acabamos de llegar, el pueblo es nuevo, no estamos acostumbrados a vivir así.

   —No acabamos de llegar, llevamos tres meses, tres jodidos meses… ¡No quieres entenderlo…!

    —Vamos a la cama, mañana será otro…

   —¡Cállate! —lo interrumpió—. Se oyen cosas, siento presencias en esta casa. Y el amigo imaginario de Lucy… Dios mío, Frank, ¿cómo puedes no hacer nada?

   —Mañana lo hablamos, estoy agotado —Frank miró a Juliet fijamente hasta que ésta, al fin, cerró los ojos y asintió.

   El demonio se encontraba bajo la cama de matrimonio. Sintió cómo Frank y Juliet se tumbaban y apagaban las luces. Había llegado el momento, lo que llevaba esperando desde que la familia Rhodes llegó a la casa.

   En su forma incorpórea, el demonio reptó por el parquet hasta atravesar la pared de la habitación. Apareció dentro de un armario del cuarto siguiente. Adquirió su forma corpórea y dio dos golpes con el puño a la puerta. Lucy la abrió y le dejó pasar al interior de su habitación. Una vez el demonio se sentó en la cama, la niña volvió a agacharse para jugar con su casa de muñecas.

     —Has tardado, empezaba a aburrirme —refunfuñó Lucy, sin apartar la vista de la muñeca rubia.

    La niña tenía ocho años. Su edad atrajo al demonio desde que se efectuó el traslado a aquella casa. La piel pálida de la niña, su pelo liso y negro, sus ojos ojerosos, eran perfectos para su propósito. Vestía un largo camisón blanco que le cubría hasta los tobillos, pues sus padres la habían acostado hacía rato, pero ella se había vuelto a levantar para jugar y esperar a su amigo.

    —Ha llegado el día, Lucy —dijo el demonio sin rodeos.

    —¿Qué día?

    —¿No has visto nunca películas sobre posesiones? A los americanos os va mucho eso. Ya sabes, de las que se llega a una casa, pasan cosas terroríficas, y la pobre niña es poseída.

     —¿Disney hace películas así?

     —¡¿Qué diantres es Disney?! A ver, las posesiones tienen unas fases previas. No todo es llegar y ya está.

      —Entonces cuéntame —dijo la niña con tono dulce, mientras volvía a jugar con sus muñecas.

    —Primero una familia decide trasladarse, y la casa siempre tiene un pasado oscuro, unos antiguos inquilinos que murieron de una manera espantosa. Ahí es cuando empiezan a pasar cosas extrañas, que hacen dudar si existe lo sobrenatural.

       —Me lías, y tengo sueño —murmuró la niña—. ¿Qué tengo que ver yo?

    El demonio sonrió, no por simpatía, pues su procedencia infernal le impedía tener ese tipo de sentimientos. Lo más probable es que la inocencia de la niña le resultaba cruelmente manipulable. Se levantó y arrodilló frente a ella.

       —Tú encuentras un amigo. Un amigo que actúa a espaldas de tu familia. Es alguien al que solo tú le ves algo especial y que probablemente, si tus padres conocieran sin saber tu juicio previo, les espantaría. Pero tú eres feliz, tú hablas de mí a tus amigos y a tu familia. Y ellos no entienden nada, hasta que te empiezan a ver extraña. Y poco a poco creamos un vínculo, en el que tú realmente me valoras y no te importa nada más. Es entonces cuando, en tu debilidad, decido poseerte.

        —¿Poseerme? —frunció el ceño la niña—, ¿en qué consiste eso?

        —Un día me introduzco dentro de ti, y al principio, sigues siendo tú. Pero poco a poco tu personalidad cambia, y a peor. En tu mente, crees que lo que haces es lo correcto, pero lo que estás haciendo es lo que yo quiero que hagas, porque no me sirve lo que tú eras antes de entrar en ti. Solo necesito tu cuerpo para nutrirme de tus actos. Actos que yo deseo. —El demonio contempló a la niña, que ahora había dejado de jugar con sus muñecas para clavar la mirada en sus rojas retinas. — Progresivamente, te vas alejando de tu familia y de tus amigos. Solo les haces daño y ellos están horrorizados. Descuidas todas tus labores porque lo que tú quieras no me importa. Hasta que llega un día en que anulas tu personalidad, y tu cuerpo me pertenece, y podré hacer lo que me dé la gana con él. Acabaré con tus padres, hermanos, compañeros de clase, vecinos… Te quedarás sola, pero tu capacidad para darte cuenta quedará extinta porque tu cerebro actuará por mis impulsos, toda tu vida seré yo. Toda tu vida será mía.

       Lucy, aterrada, gateó hacia atrás, dando una patada a la casita de juguete.

       —¿Por qué ibas a hacer eso? —titubeó—. Somos amigos.

       —Por eso mismo, porque lo somos, y me quieres, ¿me equivoco?

     —Sí… eres mi amigo, llevamos tres meses juntos y te quiero mucho, y tú a mí también.

       El demonio soltó una rotunda carcajada.

     —¿Tú crees que alguien que te quiera de verdad haría algo así contigo? —la criatura cabeceó—. No puedo sentir amor, soy un demonio, en todo caso puedo no odiarte. Pero me vienes bien, y debo aprovecharlo.

       —¿Por qué iba a permitirlo yo…?

      —Me dijiste que tenías… ¿ocho años? Échale diez, doce años más como mucho. A esa edad, poco a poco muchos a tu alrededor pasarán por lo mismo. Por quienes quieren. Así que… tú me quieres, te toca a ti, ¿no?

        Lucy dudó. Tres meses en los que aquel demonio le había acompañado día y noche. Sí, era feliz con él.

       —¿Hay tiempo para pensarlo? —preguntó Lucy.

      —La fase es ahora. —respondió el demonio, negando la cabeza.

     —Entonces introdúcete. —dijo la niña, poniéndose en pie y abriendo sus brazos, dejando su pecho a la intemperie.

       El demonio volvió a sonreír, y otra vez más, no por simpatía. Se levantó y puso la mano sobre el pecho de Lucy:

      —¿Realmente los demonios somos tan inhumanos? ¿O es que los humanos son tan demoníacos?

      La criatura empujó su mano en el pecho de Lucy hasta que comenzó a introducirse en él. La niña soltó un grito ahogado hasta que sus ojos se tornaron a un color blanco brillante. Cuando el demonio había penetrado casi hasta el hombro, poco antes de introducir el cuerpo entero, acercó su rostro al oído de la Lucy y le susurró:

      —Niña, lo único ficticio de esta historia somos los personajes.

      Y Lucy, totalmente poseída, se desplomó en el suelo.

martes, 25 de diciembre de 2012

"De utopía a realidad" - Raúl G.G.

Solo soñando tendrás un sueño que alcanzar. Solo teniendo miedo podrás armarte de valor. Solo tropezando descubrirás dónde caer. Solo imaginando utopías podrás luchar por hacerlas realidad. 

Solo recorriendo el camino cargado de realidad obtendrás la utopía. Solo contigo en el camino.



martes, 4 de diciembre de 2012

Guía y consejos para matar


Siempre hay gente que nos hace la vida imposible. Y no me refiero al boss final de ese videojuego al que dedicas más horas que a fornicar, ni a la intriga que nos deja The Walking Dead semana a semana que nos hace subirnos por las paredes y gritar en misa.

No, hay gente que nos toca la moral, y no sabemos cómo salir de ahí, nos tienen en un sinvivir y desearíamos que desapareciera de nuestras vidas. Bueno, chicos, tengo un consejo que difiere bastante de los que os dan vuestros amigos del alma. Aquí algunos de esos absurdos consejos y por qué debéis rechazarlos:

1. “Si te enfadas te rebajas a su nivel” – MENTIRA. No puedes rebajarte a su nivel si ya es superior a ti, pues si no puedes con él es que es mejor.

2. “Intenta pasar de él” – Menudo genio, si de mí dependiera verle la cara, ¿te crees que quedaría con él todas las tardes para que me siguiera petando el culo?

3. “No hagas ninguna tontería” – Seguro que te dieron un premio en Psicología.

4. “Tranquilo, yo estoy aquí para apoyarte” – ¿Y qué? ¿Por eso va a dejar de tocarme los huevos?


Es por eso que aquí llega mi consejo, el insuperable ASESINATO. Sí amigos, ésta es mi particular:



GUÍA Y CONSEJOS PARA MATAR


Ya sé que he puesto el título arriba, pero es que queda de puta madre aquí también. Mi consejo es sencillo: mátalo. La gente no mata, y luego se quejan de los demás. Matad y cerrad el pico. Claro, la gente dice cosas como:

1. "Ay, es que si mato a alguien, iré a la cárcel"... Pues prepáralo bien, GILIPOLLAS.

2. "Luego tendré cargo de conciencia"... Será que no lo querías matar realmente, atontao'.

3. “No me creo capaz”… Yo creo que en un curso intensivo de cinco años puedes conseguir la habilidad de presionar con el índice un gatillo. Ánimo.

4. “¿Está bien matar?”… Sí, los médicos lo recomiendan. De hecho, Mariano Rajoy mata familias enteras sin despeinarse.

5. “¿Y si se enteran mis amigos?”… Puedes matarlos también, la gente tiende a morir con la misma facilidad aunque sean cercanos.

6. “¿Podría quedarme estéril?”… Definitivamente sí.



Podéis comprobar pues que no existen razones para no matar. Es algo que una vez se coja la práctica, se hace como rutina, como cuando te lavas los dientes. “Voy a lavarme los dientes, pero ese vecino que me mira por la ventana no lo va a ver”. PUM, PUM, a tomar por culo.

Admitámoslo, hay gente que solo existe para tocar los cojones. Te piden una muerte dolorosa. Aún con todo, puede que no todo el mundo sea capaz de matar, así que hay que respetar que sean unas nenazas y dejarles jugar con sus Barbies.

Aquí pues, sin más dilación, ni dilatación anal, procedo a mi lista de los 25 consejos más importantes a la hora de matar:

1. Un disparo de revólver es más limpio, pero con una motosierra te quedas más a gustico.

2. Un truco para que no haya testigos es matarlos antes de que vean cómo matas a tu víctima. Así seguro que no lo ve nadie.

3. Si hay niños pequeños no los mates, podrías adoptarlos y ser su malvado mentor. Podrías crear un supervillano que continúe con tu plan tras tu muerte.

4. Si hay tías buenas no te voy a decir que las seduzcas primero, pero si están muertas vas a disfrutar menos el ritual. Yo aviso.

5. No limpies la escena del crimen, pon en la puerta un cartelito de "Solo personal autorizado". No entrará nadie y te ahorrarás agujetas.

6. Pajearse en el lugar del crimen está mal, así que desconecta antes las cámaras, que luego van despotricando de ti por una pajilla tonta.

7. Intenta salir de la escena del crimen con ropa, a ver si por gilipollas no nos van a detener por asesinato y sí por escándalo público.

8. Procura no llevar a un pato como mascota a la hora de matar a tu víctima. Son ruidosos, lentos y no manejan bien las pistolas.

9. Un león es más eficaz como mascota a la hora de matar a alguien. Eso sí, corres el riesgo de que se lleve el mérito del asesinato.

10. Las huidas en coche son espectaculares y molan un montón, pero corres el riesgo de que, si te ha visto la policía, te haga una persecución, y un coche contra muchos coches te hace estar en minoría.

11. Un dinosaurio es mejor opción para huir, puede comerse a tus persecutores y aplastar obstáculos.

12. Si al final has llevado un león, puedes aprender a montarlo y cabalgar sobre él, cuestan cinco euros menos que los dinosaurios y caben mejor en casa. Podría dormir en el cuarto con tu bebé, que es pequeñito y ocupa poco de por sí.

13. Es buena idea tener una máquina de hacer clones. Así, mientras matas a tu víctima, puedes dejar a tu clon en otro sitio para tener coartada en el juicio. Liquídalo una vez acabe todo, a ver si se va a follar a tu novia con la tontería.

14. Ir con un señor mayor a punto de hacer las bodas de oro como compañero de crimen te asegura que le dispararán primero a él. Los crímenes siempre tienden al dramatismo.

15. En caso de que en el lugar donde vas a matar a tu víctima haya zombies, lleva a un negro, siempre mueren antes.

16. Tocar cualquier elemento en la escena del crimen puede dejar huellas, así que procura amputarte los dedos antes de cometer el asesinato. Lo de los guantes es una engañifa de Hollywood, esos hijos de puta no tienen ni idea de matar.

17. Si eres fumador, intenta tirar todas las colillas con tu ADN en la propia escena del crimen, lo más cerca del cuerpo posible. A la gente le da cosa mirar un cadáver, así que desviarán la vista y no se percatarán de los cigarrillos.

18. En el caso de que decidas deshacerte del cadáver, lo mejor es dejarlo en una guardería. Los niños muy pequeños no saben hablar y no podrán contárselo a nadie.

19. Si decides tirarlo a un río, al fondo del mar, o a un pozo, procura que nadie haya tirado un cadáver antes ahí. Podrían mezclarse y que te asignen otro muerto que no es el tuyo. Yo suelo ponerles una etiqueta con mi nombre para saber cuál es el mío.

20. En el caso de que en tu ciudad haya un superhéroe, intenta cometer el asesinato durante la primera media hora de película. Nunca matan al malo tan pronto, aunque te pillen de lleno.

21. Huir del país es una gilipollez. Todo queda registrado y nadie tiene pasaporte falso porque son muy caros. Ya hemos gastado suficiente en el dinosaurio o el león.

22. Si de normal no te das martillazos en los huevos, no lo hagas durante el asesinato. No es necesario y no aporta ningún bien.

23. Las armas americanas tienen balas ilimitadas; las árabes siempre se encasquillan cuando van a matar al blanco.

24. Twittear que acabas de matarle es incriminarte, imbécil. Y ponértelo de estado en Tuenti o Facebook es aún peor. Déjate de tonterías modernas.

25. No vayas a confesarte a la Iglesia. Los curas son corruptos y sólo pueden servirte como opinión del experto sobre asesinatos en la Historia.

  
Espero que mis consejos os sean útiles y que matéis más a partir de ahora. Como vea un puto lloro más os juro que seréis mi próxima víctima. Os quiero.